Gana el que conquista. La gente está cansada, harta e incrédula. Y frente a un público agotado, un líder que solo habla es un líder muerto. Quien no conquiste, pierde. Así de simple. Hoy, muchos candidatos están convencidos que un buen discurso es juntar frases bonitas, que la gente quiere escucharlos y que, solo por estar en una tarima, ya generan respeto.